¿Por qué no se ha visto lo que esconde detrás esa historia que está al comienzo de la Biblia? ¿Por qué no se ha querido ver lo que esconde esa historia sobre el Árbol prohibido, sobre la pérdida del Paraíso, sobre el pecado de Adán y Eva? Jamás, en la historia de la humanidad, se ha calumniado tanto contra la vida como se ha hecho apoyándose en esa historia mitológica. El concepto de pecado que han inventado los cristianos, basándose en esa historia ficticia, ha sido el mayor atentado contra la vida jamás perpetrado: el pecado es, desde entonces, una autodeshonra contra el hombre, el pecado es, desde entonces, un invento perverso contra la vida misma, contra la sana sexualidad. El pecado, ese invento maléfico del cristianismo, ha sido, hasta ahora, el mayor obstáculo contra la elevación de espíritu que propicia el santo decirle sí a la vida.
El cristianismo sólo conoce un enemigo: la vida. El cristianismo ha sido el mayor parásito contra la vida que jamás haya creado el hombre: se odia tanto haber nacido, que en el comienzo de la humanidad tuvo que existir un pecado, una falta, un error lamentable, que, precisamente, propiciara ese comienzo de la humanidad. ¿Se ha entendido la gravedad de este mito, de este pecado original? Es la mayor calumnia contra la vida: el comienzo de toda la humanidad está manchado, el comienzo de toda la humanidad está mancillado, ¡y fue mancillado por las manos más viles, por las manos más cobardes:-por las manos de los sacerdotes! No les bastaba con calumniar la vida hasta la náusea, no les bastaba con inventar un más allá de la muerte para calumniar el más acá, no, tenían que ensuciar atrozmente el sano comienzo de la humanidad. Dicho comienzo, la cópula de Adán y Eva, que debería ser festejado con alegría, con júbilo, fue ensuciado y vilipendiado por los cristianos hasta convertirse en su antítesis: el pecado original.
Había que avergonzarse del nacimiento de la humanidad, había que lamentarse del comienzo de la humanidad. En vez de glorificar dicho comienzo, como hacemos nosotros los hiperbóreos, como hacemos nosotros los que amamos la vida; los cristianos se acongojan y aborrecen el comienzo de todo. El resentimiento del hombre hacia la vida es tan grande, tan horroroso, tan espeluznante, tan grave, que ha llegado hasta donde tenía que llegar: el comienzo de todo, el comienzo de la vida. No le basta a la conciencia de la muerte calumniar el comienzo de su propia vida, no, también tenía que abominar y afligirse del comienzo de toda la vida, del comienzo de la vida misma. Esto es el pecado original del cristianismo: el mayor atentado contra la vida jamás perpetrado, la mayor maldición contra la vida. La conciencia de la mortalidad ha engendrado esa hostilidad contra la vida, que ha generado el pecado original: el odio hacia el comienzo de toda la vida, el odio hacia los primeros padres, hacia dos seres ficticios que nunca existieron... La conciencia es la mayor locura del hombre...
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